jueves, 5 de febrero de 2015

FALTA DE QUÓRUM

Hace cinco años, en un frío día de diciembre de la ciudad de Washington, un representante de Vermont pronunció en el Senado norteamericano, durante ocho horas y media, un discurso histórico. El debate versaba sobre el proyecto de ley, consensuado entre los demócratas de Obama y los republicanos, para aumentar los recortes fiscales a las grandes fortunas. Bernie Sanders, el político independiente con escaño parlamentario más longevo de aquel país, se opuso con aquel discurso a la propuesta legislativa, describiendo los problemas de los trabajadores y de la clase media, el dominio de la política por las corporaciones empresariales, la creciente desigualdad entre los ciudadanos y la necesidad de un gran cambio en las prioridades nacionales. Sanders explicó como un meticuloso cirujano, con rigurosos datos y estadísticas, la demoledora radiografía de la sociedad contemporánea.

Mientras el silencio acompañaba a Sanders en aquella solemne sala, una formidable agitación empezó a crecer fuera de aquellas paredes. Miles de personas se interesaron por lo que estaba ocurriendo en el Senado. Se colapsó la señal televisiva que retransmitía en directo el debate parlamentario, los teléfonos de los colaboradores de Sanders se bloquearon y también se atascó el servidor oficial por la avalancha de miles de correos electrónicos dirigidos al veterano senador. Obama forzó una improvisada rueda de prensa con Bill Clinton para distraer la atención de aquel discurso, pero fue inútil, el aluvión seguía. Miles de personas se hicieron amigas de Sanders en Facebook en pocas horas y, según el New York Times, este discurso ha sido el más tuiteado de la historia. Un éxito social y mediático que, sin embargo, no evitó la victoria parlamentaria de aquel nefasto proyecto legislativo.

Sanders ha declarado que aquel esfuerzo no fue inútil, porque la respuesta masiva a su discurso le hace tener esperanza. Y que si sus palabras han servido para educar a las personas, contra esa parte más obscena de la política que sólo favorece a los ricos y a los poderosos, sin duda han merecido la pena. En su libro “Otro Gobierno”, César Calderón seguramente advirtió la importancia de este tipo de gestos, cuando escribió que una de las posibles soluciones para nuestros problemas es “atrevernos a comenzar a utilizar lo que los anglosajones llaman Thinking outside the box, es decir, pensar de forma diferente, poco convencional y desde una nueva perspectiva, analizando nuestra sociedad en base a lo que es, evitando los apriorismos y trazando posteriormente soluciones reales a los problemas existentes”. Tal vez haya llegado el momento de dejar de prestar atención a los que están obsesionados con el poder y a cambio exigir que nos expliquen con claridad qué hacer con él. Tal vez así no nos pase como a Sanders, que terminó su discurso de ocho horas y media con una desconsolada frase lapidaria,“tras todo esto, cedo la palabra, pero creo que tenemos falta de quórum”.

Autor: Algón Editores

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