viernes, 19 de octubre de 2012

¡Otra ronda! ¡Que llenen!


En el lejano oeste los cowboys se lavaban y recibían su correo en los salones donde también se les proveía de alcohol, juego, mujeres y whisky. Una bebida alcohólica era más barata que una taza de té y se bebía una media de 90 botellas con sustancias espirituosas al año por cabeza. Un alcohol barato, tóxico, nada que ver con el actual. Un mundo plagado de seres embrutecidos, pobres, analfabetos y en muchos casos enfermos crónicos. Una situación penosa contra la que se revolvió un puñado de mujeres valientes. Pelearon contra aquel mejunje que destrozaba hogares y condenaba a millones de niños a la muerte, la miseria, la enfermedad y la desnutrición. Reivindicaron el derecho al divorcio para protegerse a sí mismas y a sus hijos de la violencia machista, una educación pública y una sanidad universal, el derecho al voto para acabar con los políticos corruptos, control de calidad de los alimentos, una fiscalidad disuasoria en las bebidas alcohólicas y jornadas laborales de 8 horas con salarios dignos. Pese aquel noble y exitoso empeño, que supuso el nacimiento del movimiento feminista que cambió el siglo XX, miles de metros de películas, canciones pegadizas, novelas apasionantes, incluso comics infantiles, se han conjurado durante décadas para reírse de aquellas mujeres, para ridiculizarlas como histéricas abstemias y asexuales, y para fijar en el imaginario colectivo aquella ley seca, apoyada entonces por millones de progresistas, como un absurdo exceso moralista.

Robert Kuttner, en su libro El desafío de Obama, sugiere que los grandes saltos históricos de la edad moderna se han producido con líderes que inicialmente no tenían previsto esas agendas reformistas. Lincoln y la ley antiesclavista, Woodrow Wilson y el derecho al voto de la mujer, Roosevelt y su New Deal contrario a su propio programa electoral de reducción del déficit público, o el sureño LyndonB.Johnson y sus leyes de libertades civiles. Pero lo más interesante de la tesis de Kuttner, es que esas leyes tan impactantes fueron realidad gracias a un sector de la sociedad que presionaba en cada momento histórico. Una pulsión colectiva de cambio, liderado por minorías motivadas por la denuncia de un pasado superable que forzaron alianzas estratégicas con el poder.

Una pauta histórica que hoy parece improbable, sin líderes ni grupos sociales con la ambición de un cambio histórico, y sin esas alianzas que permitan un atisbo de esperanza entre tanta penuria cotidiana. Hemos vuelto a un cierto embotamiento de los sentidos, aunque ahora saturados de informaciones que no explican adecuadamente la realidad y asustados ante un futuro que por primera vez se promete peor que el pasado. Vivimos en una nube, más bien en las nubes, embobados por placeres efímeros que nos despistan, gracias a bares atascados y cines vacíos, a librerías desiertas y campos de fútbol abarrotados. Es el viejo y nuevo mantra social, ¡otra ronda! ¡Que llenen!


Autor: Algón Editores

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